Un pájaro en la nieve de primavera

Hoy caminé por las orillas del lago roca y me llené los pelos de viento. Tenía ganas de correr, así que lo hice. Me subí arriba de troncos para cruzar algún que otro deshielo mínimo y cada tanto apoyaba mis manos en el musgo que crece en las paredes de las piedras. Se refrescaban, apenas se humedecían, y yo seguía corriendo.

Lago Roca o Acigami. Lado chileno, a metros del hito XXIV

Cuando miré para arriba, un fondo gris me tiró copos de nieve que no mojaban. Pero hacían que en mi cara se produjeran destellos de frío bien precisos, puntuales.
Si me puse a saltar entre roca y roca fue para encontrar una de las cuevas por las que uno puede pasar de un lado a otro del bosque arrastrándose, a lo reptiloide. Como si fuera una versión del armario-puerta-de-entrada-a-Narnia, pero al natural. Y no lo encontré pero me vio un pájaro. Pensé en el loro de la leyenda selknam y me pregunté por qué quienes la reescribieron hablaron de un loro en el fin del mundo. No hay loros ahí. Hay silencio y montañas nevadas y un frío hermoso. Y la leyenda habla del otoño y ahora es primavera. Así que no, no es el de la leyenda. Es otro pájaro. No sé cual. No sé quien.


Correr por el camino que te alcanza al hito XXIV me dibujó una frase en la cabeza y derivó en algo así:

El bosque imprime el ritmo de mis andares.
Ellos se acoplan a la danza de su sonido, que es casi silencio.
El verde de los musgos inunda los pulmones.
Inhalo.

Mi pecho se expande
como el espíritu del bosque
a lo largo
de las laderas
de las montañas.

Me limpio el exceso de asfalto, me quito las bocinas.
Es la rusticidad del viento crujiendo en los troncos,
componiendo música en las ramas,
como si fuera el arco de un violín
que lo hace sonar no aviolinado 
sino como ruptura en el tiempo.
Algo se descose
y yo camino al ritmo impreso del bosque.

Para no perder la imagen, saqué el bloc de hojas y la lapicera de mi bolsillo. Lo que me retumbó en el pecho mientras una de de mis piernas sucedía el paso de la otra, se hizo palabra. Y seguí corriendo, hasta la frontera sin aduana ni rejas con Chile.

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