¿Crimen de guerra o capricho simbólico?

El Estado Islámico ocupó Mosul, una ciudad al norte de Irak, hace un año. Al leer la noticia del aniversario recordé mis lecturas pendientes sobre el tema. Desde mi “despreocupación” por las ruinas de Palmira, en Siria, no había vuelto a actualizarme.

En Internet uso la categoría “Favoritos” como depósito de recordatorios y lecturas pospuestas. Lo que destino ahí lo marco como quien más tarde va a mirar un libro que dejó en la baulera del auto. De todo el contenido que hubo hace unas semanas en mi timeline de Twitter, solo uno me llevó a la necesidad de frenar el casting y marcarle una estrella. “Ya está, usted ganó un puesto junto con el recital de Morbo y Mambo este sábado en Kowalski y una charla sobre viajes por streaming”, habré pensado.

El comprimido de 140 caracteres me llevó a abrir una realidad que sigo vicariamente desde mi escritorio o por medio de la pantalla de mi celular: la expansión del Estado Islámico. El ISIS montó un halo de tensiones más allá de las fronteras físicas. Me encontré con titulares en los que se involucraba un nuevo interés mundial: la amenaza contra las ruinas de la antigua ciudad de Palmira. Considerada Patrimonio de la Humanidad fue incluída en la lista del patrimonio “en peligro” desde el 20 de junio de 2013 por la UNESCO. Esa alerta, vista en un radar hace dos semanas, habría tomado un rojo explosivo al punto de romper cualquier aparato medidor.

Quienes integran el Estado Islámico están abiertamente en contra de cualquier otra cultura y religión que no sea la musulmana tal y como ellos la entienden – y también tienen la voluntad expresa de destruir lo que escape de sus formas de ver el mundo.

Todo esto deriva en una presuposición lógica: las ruinas podrían ser destruídas. La acción abarca más que un crimen de guerra o la muestra de poder del EI. Se trata de una motivación de otra índole, mucho más intrínseca. Pasaría algo similar a lo visto en el 2001 cuando los talibanes volaron los Budas de Bamiyan. No fue para provocar; simplemente no podían aguantar lo diferente, lo que no se adapta cuando ellos deciden ser firmes.

Tengo una especie de fetiche viajero con los lugares del mundo que me impresionan tanto como para ir a conocerlos. La palabra latina facticius se usaba para denominar lo inventado o lo artificial. Más tarde evolucionó al portugués feitiço y derivó en el francés fétiche. Suponiendo que a las impresiones también las armamos, quizás por la que me despertó hace una semana leer el tuit del EMAD empecé a seguir el tema con más fuerza.

Me movilizó esta asociación: Palmira sería igual a lo construido en el Valle Sagrado de los Incas, lo que es igual a los templos de Bangkok, a las pirámides de Chichen Itzá o incluso a los moái en la Isla de Pascua. Todo esto también es igual a cualquier museo de arte contemporáneo, a una librería como el Ateneo o a un pasillo callejero con venta de libros como el de Plaza Italia. Y todos, en el radar, estarían con el mismo punto rojo titilante.

Llegada a Machu Picchu, la ciudad sagrada de los Incas
Cuarto día del Camino del Inca: llegada a Machu Picchu, la ciudad sagrada del imperio andino

Hoy digo EI como podría haber nombrado a cualquier grupo destructor. Es histórica esta tendencia humana. Enfocamos nuestro odio en lo externo y necesitamos destruirlo; no alcanza con mirar para otro lado y no verlo más para que no afecte, tenemos que irnos a dormir con la certeza de que ya no existe. No me parece muy racional, pero tampoco lo es nuestra especie.

Lo admito: podría haberme movilizado por las noticias sobre atentados, muerte de civiles y explosiones en lugares públicos, sean del EI como de Israel o cualquier otro grupo, estado -o lo que fuere- que opte por la solución militar o paramilitar. Pero me movió más la idea de ver perdido nuestro patrimonio cultural por obra de la irracionalidad humana, que las vidas que se están perdiendo todos los días por las mismas causas violentas y de injusticia.

Soy responsable de mi anestesia, porque podría curarse. La tambaleo cuando comparo mis reacciones y me pregunto qué hay más allá de mí. Y, ahí sí, puedo correr un par de velos y dejar de preguntarme qué tan tarde será para no perdernos.


Posteo para Twitter: “Reflexiones a partir de la expansión del EI ¿Cuán encaprichados contra lo que importa y ciegos ante el otro estamos? + link a la entrada del blog”


Posteo para Facebook: Frente al aniversario de la invasión del Estado Islámico a la ciudad de Mosul y la preocupación mundial unas semanas atrás por las ruinas de Palmira, actualicé mis lecturas pendientes del tema. ¡Acá van algunas reflexiones! + link a la entrada del blog .

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