El polvo se quita

Para un álbum de fotos de las tapas de mis libros quiero el título “No hay un solo horizonte”. Me doy cuenta de que van a quedarse en la pieza de Austria y Juncal, aunque llevármelos sea más que unos kilos de más entre mis bártulos. Llevármelos es llevarme las noches de inmersión en ellos, son las hojas marcadas, los lápices que usé como separador, los personajes con los que me identifico, las vidas que experimenté mediante, miles de oraciones que me dejaron al borde.

A un costado.

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Alexandra Levasseur

Hoy entiendo que mi viaje ya empezó. No como cualquier fecha de vacaciones y ausencia de horarios a cumplir, sino como un viaje de siempre. El horizonte es más que una línea y en toda su posibilidad se perciben gigantes cantando lo que queremos.

Barcelona queremos. Una caja de reverberación se enciende y mi cuerpo es motor. Barcelona, dijimos. Y en Buenos Aires espero un visado que tarda quince días hábiles en hacerse real. Sea lo real sensación o no.

Después de las montañas me vino el cemento y el alejamiento de mí para acercarme a quien soy. Un páramo de huidas se convirtió en papel y no voy a prenderme fuego. Igual que un estante a vaciar, el polvo no se limpia, se quita.

Y el viento lo puede todo.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Como siempre una profunda emoción cuando leo tus escritos.Felicitaciones Floren !!!
    Abu Nidia

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