Voy a buscar una esquina en Vinuesa

Mi abuela me esperó con nubes de tiempo. Abrió el álbum de fotos en sepia y me mostró. Hojas con restos de pegote. Alguien quitó fotos como si se estuviera arrancando la piel.  Quizás fue el miedo. O las pocas ganas de saber. Olvidar también puede ser una elección. Una esquina que me busque y una iglesia que no sabemos dónde está. Para qué la iglesia, quién la pidió. Qué perdimos, abuela, en Vinuesa. Yo te lo busco.

Sabor a vainilla en el recuerdo. La otra noche, una cena familiar. Contás que te vas. ¿Y no te da miedo? No. –Y pienso en el cascarón por el piso. Me da más miedo llegar sola de noche y pasar de largo por no saber dormir. ¿Y sabes hablar catalán? No –se aprende. Y la tía de setenta años, lo infaltable: ¿dejas amores acá? No, se me adelantaron en el viaje. Andá a buscar más cervezas. Salgo. Paso la cochera y huelo aserrín recién cortado. El taller de madera no se usa hace diez años pero yo me acuerdo de cómo olía el aserrín: olía a mi abuelo.

Mi propia revolución: Antes que un ida-y-vuelta, prefiero siempre ir. Yo no sé volver.

Le festejo al sol que hoy esté tranquilo mientras cruzo Santa Fe y Callao. En mi partida de nacimiento mi apellido está con una sola T. En el documento mi apellido es doble T. Errores de tipeo, dicen. Hay que rectificar, obligan. Mi identidad en construcción desde siempre. Las palabras y oraciones que use y cómo las construya, me hacen a mí. Y de eso que soy, también obligan expectantes. Pero siempre, siempre, voy a elegir. De otra forma es mentira. De otra forma me ahogo.

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Un lugar lo es cuando lo reconocemos. Siempre pensé que aunque tenga techos no tengo casa. Encontré algo parecido en personas, en esas que van y vienen y dejan marca. Ahora que nombro no hay sorpresas. Pero sigo acá, a unas quince cuadras, más o menos, de la esquina en la que empecé a hablar del ansia. Diecinueve días más. Tan largos como si estuviera preparándose un parto; una vida entera en ellos. Y podría tratarse de algo así como una vida entera jugada en este limbo, pero nunca es para tanto. Aunque nos guste exagerar.

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