Llegar a Barcelona en invierno.

Este video es una evidencia feliz de cómo me sentí viviendo allá y creyendo que la ciudad era mía.

Barcelona es caminable.

No está hecha para los que andan en auto. Cuando hablo de los lugares siempre lo hago comparándolos con otros. En Buenos Aires, por ejemplo, camino mucho y prefiero caminar a usar el transporte público o andar en bici pero eso requiere salir con más tiempo y solo puedo hacerlo por algunos lugares. Por distancias, tiempo y por seguridad. En Barcelona, en cambio, en dos o tres horas recorres una bocha. Y el sistema de metros, en caso de que tengas que apurarte, está genial. Los zapatos rojos del video quedaron allá, rotos de tanto usarlos. En invierno, se hace de noche cerca de las 6 de la tarde. Igual que el de Buenos Aires pero con un frío más lindo. Solo te lo quitas después de estar caminando más de 30 minutos.

Mi primer día en la ciudad fui a averiguar cómo empadronarme. Miré un mapa en internet y salí del edificio con mis papeles y una captura de pantalla del recorrido que podía hacer para llegar a una brigada de extranjería.

Crucé la Diagonal después de un rato (era una de mis referencias) y me metí a caminar por el Passeig de Grácia. Antes de doblar en Carrer de Mallorca vi La Pedrera. Es uno de los edificios diseñados por Gaudí y la impresión que tuve de estar ahí la sigo teniendo cuando me acuerdo de ese primer día. No había una sola nube. Mi felicidad era más fuerte que el congelamiento de mis manos.

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Fui a la policía a quitarme el trámite de encima y después me fui hasta el Gótico. Apenas volver al Passeig de Grácia vi también Casa Batlló, otra obra de Gaudí que funciona como museo modernista. En verano es imposible sacarle una foto sin que salgan cabezas de turistas. Después pasé por Plaza Catalunya, conocí el Portal del Ángel y la Catedral de Barcelona. Llegué hasta la Barceloneta. No había buscado nada de eso por Internet. No había mirado nada ni planificado un recorrido. Se dio todo por salir a caminar sin esperar nada en particular. Después de un rato compré un bocata cerca de la Catedral y me fui a sentar en uno de los muritos que bordean Plaza Catalunya.

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Volví a casa caminando y ahí sí miré un mapa de Barcelona. Me di cuenta de que había hecho una línea recta desde mi casa hasta la Barceloneta y que en esa línea recta se encontraba todo lo que había visto. De la montaña al mar y del mar a la montaña. No había forma de perderse y todavía me quedaban 5 meses asegurados de vivir la ciudad y conocerla.

El video lo filmé un domingo en el que salí con Clara cerca del mediodía y volvimos cerca de las 7 de la tarde. Pasamos por Parc Guell, fuimos a los Bunkers del Carmel, pasamos por la  Sagrada Familia, almorzamos en el Parc de la Ciutadella y pasamos por el Arco de Triunfo. Perdí la cuenta de las veces que hice, sola, muchos paseos parecidos, por calles diferentes y en distintos horarios pero siempre caminando unas 4 o 5 horas.

Las ciudades se caminan o no las vivimos.

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Recién me doy cuenta de que me siento a escribir esta entrada siendo 14 de febrero. Hace un año y unos días ocupaba la habitación que alquilé unos meses antes del viaje desde mi escritorio en Buenos Aires. La calle: Avinguda de la República Argentina. Sí, coincidencias transatlánticas.

Hace un año y unos días empezaba a enamorarme de una ciudad que solo me mostró a cada rato que el sentimiento era correspondido. O que yo estoy un poco loca y que entonces nada importa tanto.

Personifiquen una ciudad y véanla como la única media naranja posible, abran la relación y no se fallen nunca ni siquiera a distancia.

Ese es mi consejo para cualquier 14 de febrero.

En fin.

Hizo frío todo el mes. Y marzo fue igual. Salí a dar vueltas sin mapa ni celular y me perdí y me encontré y me perdí cien veces que volvería a repetir en loop.

Cerca del Parc Guell hay escaleras mecánicas que trepan una ladera habitable de la montaña. Después te encontras con muchos turistas. En los bunkers: turistas. Y en La Sagrada Familia lo mismo, turistas. Etc.

Me gustó vivir cerca del Carmel porque en la calle y en muchos de los negocios escuchas catalán. Al estar más lejos del centro -pero bien comunicada- no viví todos los días el lío de turistas. Lo vi recién en verano, cuando terminé la facultad y empecé a trabajar en Golden Studio. Ahí empecé a ir mucho al Raval. Olor a cocina hindú y callejones del ancho de un auto. Pasé de salir y sentarme a tomar birras en los pisos de las plazas de Grácia a frecuentar el balcón de Pau en el Gótico, el Never Mind del Raval y las birras en el piso del Museu d’Art Contemporani de Barcelona.

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