Un parque nacional como plataforma de despegue.

Soñé que caía. A mi lado una pared de piedras negras, como turmalinas. Mi mano no alcanzaba a aferrarse a ellas. El sueño era un salto que me hundía en el aire. Se lo conté a Lu todavía encapsulada en mi bolsa de dormir. Me revivieron unos mates que hicimos sin sentir las manos. Check: primera noche del…

2×1: Rescaté nuestras mochilas y conocí el centro de Bilbao.

Cuando el hombre de la van nos dejó en la estación de buses de Bilbao sentí que Santander había sido algo así como un espejismo perdido en alguna dimensión de mi cabeza. Volvía a estar en la esquina en la que había hecho dedo un poco más de 24 horas atrás. Solo faltaba la cortina…

Espacios sin techo.

A estar entre montañas del sur dos años después vuelve a un espacio sin techos ni paredes vuelve a jugar a llamarlo ‘casa’. Tomar viento-envión. Irse encontrarse siempre de nuevo.